sábado, 9 de abril de 2016

Sempiterno

Abuela, te extraño más de lo que alguna vez extrañé a alguien en mi vida. Te extraño, y no lo digo. Necesito verte y estar con vos. Te extraño, volvé.

jueves, 3 de marzo de 2016

Sin Armonía




No sé qué hacer. No sé cómo ni a quién decirlo... Porque nadie lo sabe, nadie más que yo. Y me lo guardo, lo guardo porque tengo miedo de hacerlo notar, vergüenza de contarlo, terror de volver a lo mismo.
Estoy aterrada porque otra vez me siento tan abatida, tan triste que no tengo ganas de vivir. Y no, no son ganas de morirme, porque aunque no lo crean no es lo mismo no tener ganas de vivir que querer morirse. Yo no me quiero morir, yo quiero vivir. Yo quiero seguir despertándome y ver el sol, quiero seguir soñando, quiero continuar con la universidad pero me abruma mi situación, me tiran al piso los problemas, las mismas personas tóxicas que antes, el no poder ser feliz todos los días que Dios me regala vida. Pero hay días en los que desearía dormirme mil años, no sentir. Hay días en los que deseo despetarme y que mis problemas se hayan evaporado. Hay días en los que no tengo ganas de levantarme, de vestirme, de peinarme, de salir del departamento, de comer, de vivir en sí. No sé si me estoy explicando bien, no sé si me entienden. No tengo ánimos de vivir. Yo quiero y veo futuro, yo quiero seguir pero no así, no con estos sentimientos, no con esta tristeza que volvió a parecerme eterna. Otra vez, por las noches siento ese desgarrador dolor y me hundo en un mar de lágrimas hasta las 4 de la madrugada. Y a pesar de que esta vez, la causa sea la pérdida de la persona más importante en mi vida, me da miedo no tener más ganas de vivir porque se me fue ella. Porque soy una mina que hace tiempo tiene tendencia a querer dejar la vida bastante seguido, y ahora que encontré una razón más, hasta yo misma estoy asustada. Porque esta es una herida abierta, sangrante, que no pude procesar durante meses, que me está estallando en las manos, y no sé qué hacer.

No sé qué hacer porque la quiero ver y no puedo. No sé qué hacer porque recién ahora empecé a llorarla y quién sabe cuándo voy a terminar. No encuentro consuelo, y tengo miedo.
No sé qué hacer porque no quiero volver a caer en un pozo del que no sé si voy a salir. Y no sé cómo pedir ayuda. Ni siquiera tengo un mango para llamar a quién solía ser mi psicóloga y decirle: no tengo más ganas de vivir, ayudame. Ni siquiera tengo el valor de decir que no tengo ánimos de seguir. Quizás esto sólo sea un verano más de mierda en la cuenta, y cuando vuelva a las cursadas y actividades se me pase, pero por ahora, estoy re cagada.
Estoy asustada porque son las mismas ganas de no querer vivir en una situación distinta y eso me hace pensar: ¿Cada vez que me pase algo así voy a querer dejar de vivir? Porque si es así, estoy en graves problemas. La gente se muere todos los días. por más fuerte que suene. Y sé que las personas en ciertas situaciones quieren morirse, que también se sienten sin ganas de vivir. Mi miedo es que eso se vuelva permanente, o muy frecuente.

Y de nuevo me guardo todo esto, nadie lo sabe. Porque tengo miedo de decirlo y crear un caos peor. Tengo miedo de contarlo y que otra vez todos se alarmen y piensen que me voy a querer tirar de un décimo piso todos los días. Y no necesito eso. Necesito que alguien me ayude a encontrarle de nuevo el sentido a la vida sin ella, necesito encontrar un motivo para seguir sin ella. Sé que mi carrera, mi futuro, mi vida en sí son buenos motivos, pero todavía no logro levantarme y pensar que tengo que seguir mi vida simplemente porque debo seguir viviendo.

Les pido que por favor, guarden el secreto.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Nunca nadie me dio la paz que vos me das

¿Por qué te necesito tanto? Si nunca fuimos ni somos, si nunca tuvimos un título que nos definiera, si nunca signifiqué mucho para vos. Hasta pienso que estoy loca, porque después de todo este tiempo te sigo pensando, te sigo necesitando, te sigo ansiando.
Probablemente, sí tenga un inconveniente psicológico que no me permita dejarte ir. Pero antes que nada, culpá a mis padres y a la vida que me tocó vivir. Yo no tengo nada que ver.
De seguro sos lo más parecido que tuve a un amor, a la felicidad plena de tener cerca a alguien que me haga sentir las cosas que vos me hiciste sentir, a una pasión de una pendeja que todavía estaba descubriendo qué mierda es el mundo. Pero todavía no entiendo bien por qué te aferro tanto a mí.
Lo que sí entiendo y sí sé, es que fuiste alguien completamente importante para mí, y no sé si supiste lidiar con eso. Fuiste todo, en algún momento. Fuiste mi puente hacia Dios y eso es lo mejor que pudiste hacer por mí, tal vez hasta inconscientemente. Y tal vez nunca te hice comprender lo importante que te volviste para mí y es por eso que me rompiste en pedazos. Entendeme, tenía miedo. Tenía 16 años, estaba abrumada, me quería morir todos los días, y no quería que te asustaras y te alejaras de mí si te hacía sentir que en un momento, eras mi mundo entero.
Y es también por ese miedo, que nunca te dije lo mucho que te quise. Porque te quise, y estaba muy asustada como para decírtelo. Me había armado una coraza que al fin y al cabo, no me sirvió.
Fue en vano porque ya estaba completamente de cabeza por vos.

Me diste mucho más de lo que esperaba y me lastimaste mucho más, también.

Lo que más me sorprendió de vos no fue tu bondad, ni tu predisposición a estar cuando te dije que te necesitaba, sino que fue cómo me lastimaste, cómo te importó un carajo lo que sentía por vos y te comportaste como un verdadero pelotudo sin huevos. Y aunque siento que si leyeras esto pensarías que estoy exagerando, que no fue nada y dirías tu frase célebre: pasado pisado; necesito descargar todo esto que tengo guardado hace tiempo.
Nunca escribí nada sobre vos, mientras ocurría todo. Nunca supe por qué.
La catarata de escritos vino después, y debo decir que estoy cansada de ver en mi cuaderno cómo las páginas sobre vos siguen aumentando.
Ahora decime, ¿cómo freno todo esto?
No entiendo cómo tanto tiempo después, sigo (aunque me cueste decir la palabra) esperándote.
Quizás porque significaste mucho para mí y aún estoy tratando de procesar el final de algo que me hizo sentir tan bien.
Porque a pesar de que por momentos fuiste un idiota, me ayudaste de una forma increíble. Creo que vos no entendés lo bien que me hacías. Y hasta tengo miedo de no encontrar a otra persona que me haga sentir como vos me hacés sentir. Nunca nadie me dio la paz que vos me das cuando me abrazás, cuando me hablás, cuando estás conmigo. Tus abrazos son los mejores del mundo y los quisiera tener más seguido. Tus palabras son mi remedio, siempre me decís lo justo y necesario. Con sólo unas pocas de ellas, me calmás y unas veces lo odio y otras amo eso.
Vos calmás mi tempestad, y eso no es poco. No es poco para una mina que se ahoga todo el tiempo en un vaso de agua, que por pequeñeces se enloquece, que siente que es el fin del mundo todo el tiempo, que juró no querer vivir más y vos la ayudaste a encontrarse con esa luz que la hace seguir.
Vos calmás el huracán que hay dentro de mí, y lo sabés. Lo notás, y es por eso que cuando estoy por derrumbarme acudo a vos y con unas simples palabras lo solucionás. Y cuando ves que desfallezco, arreglás todo con un: querés que te vea? Seguido de un abrazo y palabras de aliento.

Me diste muchísimo, más de lo que me podía imaginar la primera vez que te vi, y te lo voy a agradecer toda la vida. Y aunque algún día quisiera que lo sepas, creo que ya es muy tarde.

Por vos hice cosas que no hice por ningún pibe más, con los 19 años que tengo. (Ups... Estoy dando a conocer hace cuánto tiempo que no te puedo dejar ir). Cosas como ratearme del colegio con vos, ir a la cancha a verte jugar, escribirte cartas, hacer que mis viejos te conozcan. Cosas inocentes pero importantes para alguien que no demuestra sentimiento alguno por ningún pibe fácilmente.
Y con esto, me siento en el tope de mi fracaso al admitir que nunca tuve una relación. Nunca me permití querer y ser querida, o cuando si me lo permití estaba en una situación tan rebuscada y complicada que no podía construir ningún tipo de sentimiento.

Y sí, fuiste el único que no me abrumó al bombardearme el celular con mensajes en WhatsApp, fuiste el único al que le confié tantas cosas, fuiste el único con el que no quise nada físico... A mí sólo me importaba estar con vos, todo lo demás... después. Fuiste y sos el único que me da calma, que me da paz y te juro que eso es lo que más aprecio.


Sin embargo, necesito seguir poniendo el dedo en la llaga y decirte: ¿vos te diste cuenta de que me prometiste cosas que no ibas a poder cumplir? (Sí, acá empiezan los viejos y nuevos reclamos) ¿Vos te dabas cuenta de que con un montón de actitudes de mierda me rompías en pedazos? Era una pendeja que estaba obnubilada por vos y fuiste muy cruel.
¿Vos eras consciente de que me dabas explicaciones cuando yo no las pedía ni era a la que debías dárselas? ¿No te parecía que actuábamos como novios sin serlo?
¿Realmente creías que no me ibas a lastimar si me decías que te arrepentís de haber estado conmigo esa noche? ¿Sinceramente pensaste que era una buena idea que me dejaras de hablar, de saludar, así de repente? Y lo que más me dolió es que lo hiciste como si nada.

Nunca entendí por qué hiciste eso, por qué te comportaste de esa forma. Si yo vi en vos una gran persona, vi en vos un pibe con valores, con mucho para dar a los demás.

Pero después de todos estos reclamos, quiero decirte que también aprecio que tanto tiempo después, hoy podamos seguir hablando, podamos seguir charlando y caminando un rato por las calles de esta ciudad, sin miedo a lo que puedan decir los demás.


Y por último, decir que es una lástima que todo lo que sentí y siento por y con vos, sea en vano.


Escribo esto desde uno de los baches en los que no nos hablamos durante meses y desde una de las tantas veces que estuve días, semanas necesitando estar un rato con vos, necesitando verte.

(((Me enamoré y después me comí a un pibe a los 16 años, del cual casi 3 años y varios pibes después, no me puedo olvidar.)))